lunes, 12 de agosto de 2019

Unidad 4. Fuentes del curriculo

La fuente psicopedagógica


La fuente psicopedagógica suministra información sobre cómo aprenden los alumnos, y, concretamente, cómo construyen los conocimientos científicos. Estos datos se han ido conformando a partir de la psicología cognitiva y, en los últimos años, de las investigaciones que se han realizado desde el campo de la didáctica de las ciencias. Sin embargo, es difícil separar las aportaciones de cada fuente curricular, ya que los estudios desde la etimología de la ciencia han colaborado también a entender cómo se aprende ciencia a partir de las reflexiones sobre la construcción del saber científico. Además, se ha visto la gran incidencia que tiene en la motivación para el aprendizaje científico el hecho de relacionar la ciencia con las necesidades y problemas sociales.

Desde hace poco más de dos décadas se ha asistido al desarrollo de un nuevo cuerpo de conocimientos desde la didáctica de las ciencias, que ha supuesto un avance importantísimo en la comprensión de las dificultades que presentan los alumnos para entender los conocimientos científicos, y, sobre todo, se han abierto nuevas perspectivas de investigación en la búsqueda de estrategias didácticas coherentes con los nuevos modelos de aprendizaje propuestos.

La preocupación por conocer cómo se adquieren las ideas sobre el funcionamiento de la naturaleza ha sido objetivo de la investigación desde hace mucho tiempo. Se presenta, a continuación, una somera revisión de las aportaciones más significativas, haciendo especial hincapié en las de los últimos veinte años.

La concepción conductista o behaviorista
Ha dominado gran parte de la mitad del siglo. Las investigaciones sobre el comportamiento animal hicieron pensar que el aprendizaje era una respuesta que se producía ante un determinado estímulo. La repetición era la garantía para aprender y siempre se podía obtener más rendimiento si se suministraban los refuerzos oportunos.
Esta concepción del aprendizaje, asociada al esquema estímulo-respuesta, era coherente con las concepciones epistemológicas empiristas-conductistas sobre la naturaleza del conocimiento y la investigación, que ya había defendido Bacon en el siglo XVII y Pearson a finales del XIX. Para ellos la verdad está en la naturaleza y solo hay que descubrirla mediante una observación y experimentación cuidadosa, poniendo gran énfasis en la importancia de someter los datos a las pruebas o refutaciones.
Los años cuarenta fueron hegemónicos de esta concepción y debido a ello se eclipsaron otras tendencias que empezaban a surgir, para las que la comprensión humana se basaba en algo más que en la lógica del descubrimiento.

La aparición de la obra de Kuhn (1975) a principios de los años 60 y de Toulmin (1977) en el inicio de los años 70, sobre la importancia de los paradigmas en la investigación científica y el carácter evolutivo de los conceptos en la sociedad y el papel que desempeñan en la comprensión humana, se oponían definitivamente al punto de vista sostenido por los empiristas de la búsqueda humana de verdades absolutas. Además, las nuevas explicaciones estaban más próximas a la realidad del quehacer científico, que va construyendo conocimientos que no son definitivos y que continuamente se van reorganizando. El problema, por lo tanto, no consistía en ser más estricto en la búsqueda de pruebas o refutaciones, sino en tratar de buscar nuevas formas para favorecer los procesos creativos.
Según la concepción conductista del aprendizaje, se puede enseñar todo con unos programas organizados lógicamente desde la materia que se enseña. 

No existen consideraciones sobre la organización interna del conocimiento del que aprende, ni tampoco hay límites de edad. Las secuelas del conductismo, a pesar de las citadas objeciones desde la epistemología, tuvieron vigencia hasta la década de los setenta.

La metacognición
Hasta ahora se ha visto que la comprensión de los conocimientos científicos depende de los problemas cognitivos relacionados con los esquemas del alumno y de los aspectos afectivos y relacionales. Sin embargo, existe otro tipo de problemas llamados metacognitivos, que tienen que ver con el conocimiento sobre la propia capacidad de conocer y la capacidad de controlar y regular el proceso de aprendizaje personal.

Otero (1990) destaca la importancia que tiene en la comprensión de la ciencia el poseer estrategias que permitan restablecer dicha comprensión cuando se presentan dificultades. Por lo tanto, existen problemas metacognitivos cuando los alumnos no se dan cuenta de que no comprenden y cuando no poseen estrategias adecuadas para solucionar el problema.
La metacognición, cuyos estudios comenzó Flavell (1978), tiene como objeto el estudio del conocimiento de las distintas operaciones mentales y saber cómo, cuándo y para qué se deben usar (Burón, 1993). 

Las más estudiadas son la meta-atención, la meta-memoria, la meta-lectura, la meta-escritura y la meta-comprensión. Se trata de conocer los procesos mentales que realizan los estudiantes cuando se enfrentan a las tareas de aprendizaje. En este sentido, se han estudiado especialmente las estrategias que realizan los alumnos más eficaces cuando comprenden o resuelven problemas, a fin de poder enseñarlas a los menos eficaces y corregir así las estrategias deficientes.


 La fuente etimológica

La fuente epistemológica es la que emana de las disciplinas y contribuye a la búsqueda de su estructura interna, su constructo y su concepción (Coll, 1987).

Por otra parte, la concepción de cómo se genera el conocimiento científico, a través de diferentes épocas, ha tenido generalmente una correspondencia con una determinada manera de entender cómo aprenden las personas; de la consideración de ambas variables se han deducido unas estrategias o modos de enseñar (Gil, 1983). A la luz de estas relaciones se han analizado diversos modelos de enseñanza-aprendizaje que el profesorado sigue en el aula, de cuyas bases epistemológicas y psicológicas no siempre es consciente.
La ciencia se puede presentar a los estudiantes como un conjunto de contenidos cerrados o definitivos o puede transmitirse como una materia en continuo proceso de elaboración, que se genera en la medida que trata de dar respuesta a los problemas científicos que la humanidad sucesivamente se plantea.

Se puede concebir la ciencia como una materia de conocimiento acumulativo que crece de manera «vertical», donde cada científico agrega un piso más a los ya consolidados, o puede entenderse como un crecimiento basado en sucesivas rectificaciones, resultado de la superación de múltiples obstáculos y de rupturas paradigmáticas.

Puede darse la idea de que el conocimiento científico es una construcción personal, producto del seguimiento de unas reglas perfectamente ordenadas que configuran un llamado método científico, o propiciar la comprensión de la ciencia como una construcción social e histórica, condicionada por el pensamiento dominante de la época, que a menudo se ha generado de manera diversa, sin responder a unas pautas fijas de un supuesto método universal.

Además, puede comunicarse a los estudiantes que la ciencia procura verdades objetivas, indiscutibles, neutras, o bien que en sus aportaciones influye en gran medida el contexto social y particular, por lo que contendrá abundantes componentes subjetivos, interesados y, por lo tanto, no siempre neutros. Podrá transmitirse, en definitiva, como un conjunto de conocimientos al margen de los sistemas de valores, o claramente involucrada y contaminada por ellos.

Existe una relación entre la imagen de la ciencia que se ha proporcionando a través de su enseñanza, y la concepción filosófica que se ha ido sustentando en distintas épocas sobre qué es y cómo se genera el conocimiento científico, aunque ambos aspectos, educativo y epistemológico, no siempre coincidan en el tiempo. Se describen sucintamente, a continuación, algunas de las concepciones sobre la ciencia que han tenido mayor incidencia en los aspectos educativos.


La fuente social

Los sociólogos consideran que el análisis de la sociedad, de sus problemas, de sus necesidades y de sus características, debe ser la fuente de información principal para precisar la intenciones curriculares.

Últimamente la fuente social ha adquirido una especial relevancia. El análisis sociológico permite, entre otras cosas, determinar las formas culturales o contenidos cuya asimilación es necesaria para que los alumnos puedan convertirse en miembros activos de la sociedad y agentes, a su vez, de creación cultural. Permite, asimismo, asegurar que no se produce ninguna ruptura entre la actividad escolar y la extraescolar (Coll, 1987).

La escuela es dependiente del sistema social. Las relaciones entre educación y sociedad no van en una sola dirección (de la sociedad a la escuela), sino que son multidireccionales. Cada sociedad tiene unas demandas específicas acerca de lo que espera de la escuela. Se vinculan generalmente a funciones sociales importantes: socialización de nuevas generaciones y preparación para sus futuras responsabilidades como adultos, dentro de una concreta organización del trabajo y de los roles sociales.

La educación sirve, por lo tanto, a fines sociales y no solo a fines individuales. La escuela forma parte de una determinada sociedad y educa para ella, transmitiendo conocimientos, técnicas y procedimientos, así como el patrimonio cultural. Pero conjuntamente con ello transmite también los valores sociales y las ideologías dominantes. Sin embargo, la educación puede despertar en los alumnos un sentido crítico ante las actitudes y relaciones sociales dominantes, permitiendo tomar distancia respecto a los valores e ideologías establecidos. La clarificación explícita de las intenciones educativas y de los contenidos de enseñanza facilita su posible crítica y contribuye a la madurez de los alumnos. Como consecuencia de esta madurez, y a través de ella, coopera a la creación de ciudadanos que serán capaces de modificar las relaciones sociales existentes (Diseño curricular base español, 1989).

Para Teresa Mauri (1990), la selección de lo que debe ser enseñado en la escuela constituye un proyecto social, ya que de algún modo representa lo que se entiende por cultura en una sociedad concreta. Pero se sabe que la sociedad es cambiante y que los fines educativos que se expliciten deben ser susceptibles de modificación. Surge la necesidad, entonces, de alcanzar por la vía del consenso lo que se considera como núcleo básico de la cultura común, pero es necesario que los criterios de selección sean compartidos por todos los estamentos implicados: profesores, padres, alumnos y representantes en general de todos los grupos sociales.

Respecto a la enseñanza de las ciencias y la importancia que la fuente social debe representar a la hora de diseñar un currículo, expertos iberoamericanos afirman (en Nieda-Cañas, 1992): «Es necesario impulsar una revisión de los currículos hoy vigentes en los países iberoamericanos. En este proceso deben intervenir profesores, científicos, especialistas en didáctica de las ciencias, psicólogos de la educación e instituciones sociales, procediendo a una cuidadosa consideración de todos los aspectos en juego: desde la visión actual de la ciencia y el trabajo científico, o la adecuación del currículo al nivel de desarrollo de los alumnos, hasta la relevancia social de los tópicos elegidos».

Por otra parte, en el Proyecto 2000+ (UNESCO, 1993) se destaca: «No hay ninguna esencia única para el contenido de ciencia y tecnología que sea adecuada para todos los países».
Todo esto no quiere decir que no se deban analizar las tendencias existentes a nivel internacional, que reclaman actualmente que se dé un especial protagonismo a las relaciones en el currículo entre la ciencia y la sociedad. Tenerlas en cuenta puede permitir a los países incorporarlas según su contexto y ahorrar tiempo aprendiendo de los errores ajenos.

Otro aspecto que debe valorarse es la influencia en los diseños curriculares de las preocupaciones sociopolíticas de cada momento. Se pueden constatar variaciones históricas en dichas preocupaciones y observar cómo repercuten en las respuestas que se van dando al problema de «¿Por qué enseñar ciencias?». El profesor Lucas, en una ponencia desarrollada en Madrid en 1992 (Condicionantes del currículo y aportaciones de la investigación a la práctica de la educación en Ciencias), analiza el caso de los EE.UU comparando los distintos enfoques curriculares del año 1950 y los de la década de los 80.



sábado, 10 de agosto de 2019

Unidad 3. Metodología para la elaboración de un diseño currículo

Justificación del currículo

 ANTECEDENTES.: Desarrollo histórico del programa o carrera de la Institución y en el país, así como hacer referencias a otras entidades foráneas.
Precisar los momentos de mayor trascendencia, sobretodo señalando los principales logros y deficiencias, relacionados con el proceso de formación integral de los estudiantes.
  DEMANDA: Responde al encargo social, a la necesidad de la vida.
DIAGNOSTICO INICIAL: Comprende todos los estudios relacionados con las condiciones y necesidades políticas, económicas y sociales del contexto en que se desarrollará el egresado, considerando desde las condiciones del desarrollo actual y perspectivo de la rama de la economía en que prestará sus servicios el futuro egresado hasta las características y condiciones de la Institución docente del estudiantino y de los recursos humanos y materiales disponibles y requeridos para cumplimentar la formación de un determinado profesional.
 ANÁLISIS DEL MACRO CONTEXTOSe trata de:
a)      Identificar cuales son las fuerzas del medio ambiente que a nivel macro influyen o afectan el comportamiento del programa académico.
b)      Analizar el grado y la naturaleza de la influencia.
c)       Hacer pronósticos sobre las implicaciones posibles en el desarrollo del programa académico.
Se considera como macro contexto al conjunto de fuerzas de carácter económico, político, social, cultural, demográfico, jurídico y tecnológico y de esta manera la metodología propone descomponer el análisis del macro contexto en estas categorías, para efectos de lograr un buen nivel de concreción y profundidad, pero sin perder de vista que existe interdependencia entre ellas, lo económico está totalmente interceptado con lo social, lo político con lo económico y lo social, etc.
Lo importante es tener claridad en que las conclusiones del estudio del macro contexto deben ser el resultado de la integración del análisis realizado en todas y cada una de las categorías consideradas en el ámbito local, regional, nacional e internacional.
  ANÁLISIS DEL MICROCONTEXTO: El ambiente interno de la Institución donde se desarrollará el Programa Académico es el contexto en que se da el trabajo.
Se trata de analizar cuales son sus recursos y capacidades, identificar las fortalezas de la organización para afrontar estratégicamente el medio ambiente. Se entiende por fortalezas aquellas capacidades de la Institución que garanticen el cumplimiento de los objetivos propuestos; en contraposición, la debilidad debe considerarse como una carencia, falla o limitación de carácter interno que puede restringir o imposibilitar el desarrollo de la Institución en cuanto al Programa Académico se refiere frente a las condiciones del medio ambiente.

Elementos del currículo



Los elementos básicos: tratan de dar respuesta al qué, cómo y cuándo enseñar y evaluar. A la hora de dar respuesta a estas cuestiones, aparecen los siguientes elementos:
  • Los Objetivos: establecen las capacidades básicas que deben madurar los alumnos como consecuencia del proceso educativo. Existen cinco grandes tipos de capacidades humanas:
  • Cognitivas.
  • Motrices.
  • De equilibrio personal o afectivas.
  • De relación interpersonal.
  • De actuación e inserción social.
  • En el marco del currículo escolar podemos encontrar tres tipos de objetivos:
  • Los objetivos generales de etapa: se refieren a las capacidades básicas que se pretende madurar en cada una de las etapas educativas que forman parte del sistema educativo.
  • Los objetivos generales de área: formulan las capacidades que se espera que los alumnos maduren y las pone en relación con los contenidos propios de cada área.
  • Los objetivos didácticos: concretan las capacidades básicas cuya maduración se pretende en cada fase del proceso educativo (programación de aula).
  • Los contenidos: señalan los aspectos de la cultura, el conocimiento y la experiencia cuyo aprendizaje se considera necesario para la maduración de las capacidades expresadas en los objetivos. Existen tres tipos de contenidos:
  • Conceptuales: se refiere a los contenidos de hechos, conceptos y principios; abarcan los aspectos más teóricos del conocimiento y la experiencia humana.
  • Procedimentales: se refieren a los procedimientos. Un procedimiento es un conjunto de acciones ordenadas, orientadas a la consecución de una meta. Abarcan los aspectos más prácticos del conocimiento y la experiencia, y promueven el desarrollo de destrezas, técnicas o estrategias para la acción.
  • Actitudinales: se refieren a las actitudes, valores y normas que deben regular el comportamiento de las personas.
  • Las orientaciones didácticas: Proporcionan criterios para diseñar las actividades de enseñanza-aprendizaje. Suponen una orientación a la hora de definir la metodología didáctica que va a presidir la práctica educativa.
  • La temporalización: se refiere a la necesidad de ordenar y secuenciar en el tiempo los objetivos y contenidos de enseñanza-aprendizaje.
  • La evaluación: comprende los criterios que determinan los diferentes niveles de maduración de las capacidades expresadas en los objetivos, así como los medios, instrumentos y actividades con los que se pretenden abordar los procesos de evaluación de los aprendizajes. Abarca también el conjunto de actividades, medios e instrumentos que ayuden a evaluar si los procesos de enseñanza se han desarrollado en las condiciones más adecuadas.Los elementos de acceso: son aquellos que definen las condiciones en las cuales se va a desarrollar la propuesta educativa. Entre ellos:
  • Los recursos materiales: señalan los medios y recursos didácticos que se van a utilizar en el proceso educativo.
  • Los recursos humanos: señalan a los diferentes profesionales (profesorado, profesores de apoyo, auxiliares técnicos educativos,...) que se van a encargar de llevar acabo la propuesta educativa, así como a los mecanismos de coordinación que se van a establecer entre ellos.
  • Los recursos organizativos: se refiere a los sistemas de organización espacio-temporal que se van a habilitar para el desarrollo de las acciones educativas.
  • Presentación de un diseño curricular